Inmensa, intensa, cual golondrina,
que hace inviernos en noches oscuras,
cargadas de emoción, nostalgias,
tu silueta imponente, está llena de furia,
contra la injusticia de aquellos desposeídos,
de los parias eternos, condenados por el poderoso.
Eres la Gabriela poetisa,
la maestra incansable, la compañera de tertulias infinitas,
de rondas con niños que bailan en nubes de algodones.
Amazona de tiempos modernos,
luchadora de causas nobles,
feminista hasta el tuétano de tu existencia,
incomprendida en tu época,
alabada y exaltada por los presentes.
Levito y danzo en tu prosa,
narrativa llena de imágenes,
figuras corpóreas de infantes,
expresando tu amor por la semilla
de tus tierras fértiles que te vieron nacer.
Embajadora de sueños y palabras,
llevaste tu voz por mares lejanos,
tormentosos, llenos de iras,
que aplacaste con tu voz y figura franciscana.
Sembraste educación en tierras mexicanas,
trazando caminos nuevos,
por donde la América morena debía seguir su rumbo,
buscando nuevos amaneceres para tus hijos,
los hijos de aquellos que estuvieron antes que nosotros.
Erguida como pilar en un México cambiante,
tu grito desgarrador, hembra, madre, aún resuena.
Perdiste a tu niño,
solo quedaban tus hijos poéticos,
la pérdida de Yin Yin marcó tu alma,
y el luto eterno se convirtió en versos,
lágrimas de un amor inacabado.
Y allí estaba Doris, tu eterna compañera,
fiel guardiana de tus sueños,
de tus fantasías, de tus días y noches,
compañera de luchas, de secretos y versos,
una llama de amor en tiempos oscuros,
que te sostuvo cuando las sombras cubrieron tus cielos.
Chile, patria lejana, siempre en tus venas,
vitoreó tus llegadas,
idas en vuelos que no cesaron hasta tu eterno descanso.
Vicuña, cuna donde nació tu canto,
con tu voz diáfana, metálica,
con colores de minerales,
de cerros que tocan cielos transparentes,
que supieron de tu voz y tus silencios,
y en cada palabra dejaste
el amor por el suelo que dio vida a tu ser.
Solo el tiempo puede darte el espacio
en el monte iluminado de los poetas,
donde aquellos que saben decir con su poesía
las agonías del alma,
transforman el lenguaje en bálsamo para el espíritu,
un refugio para sanar la vida,
una herencia eterna,
Gabriela, inmensa y luminosa,
simplemente Gabriela.
La Naranja Mecánica 1972
Director Stanley Kubrick
Los Puentes de Madison 1995
Director Clint Eastwood
El Séptimo Sello 1957
Director Ingmar Bergman
El Nombre de la Rosa 1986
Director Jean-Jacques Annaud
El Silencio de los Inocentes 1991
Director Jonathan Demme
Julio Comienza en Julio 1979
Director Silvio Caiozzi
Caliche Sangriento 1969
Director Helvio Soto
Gloria 1989
Director Edward Zwick
Chacal de Nahueltoro 1969
Director Miguel Littín